Marina
Abramović, artista serbia del performance que
empezó su carrera a comienzos de los años 70.
Activa durante más de tres décadas, recientemente se ha descrito a sí misma
como la "Abuela del arte de la performance".
El
trabajo de Abramović explora la relación entre el artista y la audiencia, los
límites del cuerpo, y las posibilidades de la mente.
En 1988, luego de varios
años de tensa relación, Abramović y Ulay decidieron hacer un viaje espiritual
el que daría fin a su relación. Ambos caminarían por la Gran Muralla China, comenzando cada uno por los extremos opuestos y
encontrándose en el centro. Abramović concibió esta caminata en un sueño, y le
proporcionó lo que para ella era un fin apropiado y romántico a una relación
llena de misticismo, energía y atracción.
Lo que sucedió en el
MOMA
Marina organiza una
performance en el MoMa llamada 'El
artista está presente'. Sentada,
cabizbaja y en silencio. Una mesa la separa del visitante. En cada encuentro
Marina levanta la vista para mirarle directamente a los ojos durante un minuto.
Lo que no esperaba es que uno de los que se sentaron frente a ella fuera su ex pareja Ulay al que no veía desde hacía 23 años. El que fue amor de su vida, estaba allí sentado, en silencio.
Esta es una historia que he encontrado en internet y he quedado maravillado, porque ahi te das cuentas que no siempre se necesitan palabras para emitir o transmitir sentimientos y con estas miradas y lagrimas entre ambos fueron muy sinceros con lo que se han dicho si ni siquiera abrir la boca.
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